Querida Juliana:
Hoy amaneci extrañando. Extrañando esa relación que tuve, muy importante, muy trascendente en muchos sentidos, la relación más larga que he tenido en mi vida, la que me dejó un millon de preguntas sin contestar. Extraño la conversación inteligente, el reto a mi forma de pensar, los gestos dulces, las palabras que me tocaban el alma. Porque si, este vínculo que se genero con los años, tenía la capacidad asombrosa de mirar realmente quien soy y no asustarse. Me podia realmente ver. Me sentía vista, comprendida, acompañada, desde las heridas donde estabamos los dos quizá, pero caminando juntos.
Estoy en un momento de mi vida en el que tengo la paz que siempre anhelé. Siento que ya viví mi noche oscura del alma, fui valiente y me atreví a ver lo más profundo en mi interior y amarlo, perdonarlo y crecer. Me siento en paz con esta version de mi vida en la que me encuentro ahora. Y sin embargo, la necesidad de atención, de afecto, de intercambio de ideas inteligente, aun persiste. Mi alma anhela ser vista y valorada. No es que yo no lo haga. Precisamente porque lo hago concluyo que merezco una conexión emocional, fisica, espiritual casi, que me haga sentir viva. Siento mis sentidos adormecidos, mi alma en un reposo casi sepulcral.
Me emociono si, con la sonrisa de mis hijos, con los detalles de mi esposo, con la satisfacción del trabajo bien hecho, con la amistad sincera que voy encontrando, con las decisiones que he tomado que me han costado dudas e incertidumbres. Me emociona el cielo de verano, pintado de rosa y lila, los árboles en mi escuela, las aves que me reciben cantando, la música que he ido descubriendo, los kdramas de amor y romance, mis perritos, la magia en general. Veo milagros todos los dias y agradezco la abundancia que hay en mi vida. Pero mi alma anhela conexión.
Hoy pude ver un pedacito de esta relación, vi un post que claramente hacía alusión a una conversación pasada que tuvimos y sentí algo en mi removiéndose. No fue lo que esperaba, el mensaje era claro, no mereces ser la indecisión de nadie. Lo tomé personal, no lo voy a negar. Estoy medianamente cierta que era para mi. Me halaga saber que fue importante la conversación, lo suficiente como para escribir al respecto, aunque no me encantó del todo el mensaje. Pero tiene razón. No merezco ser la indecisión de nadie. Merezco un cariño bonito, atento, pendiente, que me brinde lo mejor que tiene, tiempo e ideas. Ahi creo que ya no hay nada para mi. Creo...
Pero en el fondo deseo ser deseada, necesitada, extrañada, acariciada, sí...
a veces me trastoca la nostalgia y siento que pierdo la cabeza, que daría lo que fuera por volver a esos dias de emoción y de ilusión, donde no importaba nada que no fuera la sonrisa provocada y la constante recompensa de un cariño mutuo, medio imposible, medio lejano, pero al mismo tiempo, tan cerca del alma y de mi boca que casi podia sentirlo mio.
Nada de eso existe ya, solo me quedan los recuerdos y hoy me inundan y no se que hacer con ellos. Se ahogan en el lagrimal y ahi se quedan, tiritando. Se quedan anudados en mi garganta, sin atinar a decir palabra que los desenrede. Se quedan en mi corazón, flotando como mariposas a punto de morir, en su descenso hasta mi estomago, donde se consumen y desaparecen. Y mis manos se quedan vacías, mis dedos presionando las teclas frenéticos, sin llegar a ningun lado. Porque no hay mensaje ni respuesta. Solo silencio ensordecedor.
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