Breaking through.
Querida Juliana:
Hace rato que vengo queriendo escribir y no me animo. Es tan personal, tan íntimo, desnudarse así, con palabras, que las veces que lo he hecho, termino borrando el blog o se desactiva por falta de uso. Tengo un par de ideas para compartir y siento la necesidad de escribirlas porque la memoria comienza a fallarme de manera evidente y no me quedan más que las notitas que siempre escribí.
-Todo rayas, en todos lados escribes! -decia mi Mamá. Las paredes, los espejos, las puertas, qué te digo de cuadernos, libros, listas, muchas listas, eternas listas. Todas llenas de seguridad y estructura. Y de satisfacción cuando tacho, borro, tiro. Ya sabes, perfeccionismo y déficit de atención, all in one.
Hoy, segundo dia de agosto, el mes en el que nací, decido dejar por escrito el evento que creo me ha costado mas que todo (hasta hoy, porque con cada sesión yo no se que monstruo voy a despertar y qué paradigma se va a romper y qué tan madreada voy a terminar). Fue el domingo, preparando las cosas para la semana, limpiando, haciendo comida.
Decidí que no haria comida en forma, para los adultos, que cada quien se haga lo que se le antoje. Para los niños, decidi hacer ensaladas. Tratando de darles comida saludable y de inculcar habitos buenos desde chicos. Las verduras siempre son tema. No son las favoritas, pero porque no han palpado sus beneficios, pero yo las quiero. Total. ensalada de lechuga, fresas, kiwi, cuadritos de jamon y queso, nueces cubiertas de praline, arandanos y tantiiiiito aderezo. El maldito aderezo que a Javier no le gusta. Pero se lo puse, porque lo tiene que probar y gustarle algun dia. Decidi que el dia era ese domingo. Error, el dia previo a regresar al trabajo, cuando menos ganas tenia de drama.
Claro que hizo un caron, casi llora, yo estaba muy molesta y lo amencé, en mi frustracion. -Si no te comes todo, mañana no te hare desayuno, ni te dare snacks para llevar al curso de pintura que te acabo de pagar porque lo deseabas mucho (ya se super mal el chantaje pero pues me salio el modo parental horrible) y no te voy a dar nada hasta la comida para que aprendas. -Esta bien, dijo, con aquellos destos. Comprendi que estaba haciendo mal y le dije, si no quieres no te la comas, ya te puedes ir. Y se fue.
Corte a, yo bramabaaaaaaaaaaa del coraje porque me esforcé un montón en hacerles comida, cuando no tenia ganas de hacer comida, les hice una comida super deliciosa y sana, yo merecia una estrella como mamá del año y a cambio, me dejo el plato en la mesa y se largo, prefirió quedarse con hambre que darme gusto y comerse la PUTA ensalada (mira, me acuerdo y me prendo de nuevo); gritaba como loca, herida porque me rechazo mi comida perfecta y entonces Ikari se apoderó de mi y empece a gritar, asustando a niños y perros, es que NO SOY SUFICIENTE, NADA ME SALE BIEN, PARA QUE ME ESFUERZO SI ESTO VA A PASAR SIEMPRE, NADA LES GUSTA, ME QUIERO MORIR DAME ALGO PARA ROMPEEEEEEEEEEEEER ME QUIERO MORIIIIIIIIIIR.... Y si, Daniel me dio una caja de Amazon que despedacé inmediatamente para mi gozo infinito y mi descanso mental.
Lloraba y lloraba mientas Daniel me apretaba fuerte para que no me lastimara y no me soltaba y yo me sentía la peor de las personas. En ese momento, en mitad de mi episodio de ansiedad extrema, entendí que estaba bien que me dijera que No, porque no tiene que hacer nada que no quiera por darle gusto a nadie, ni siquiera a mi. Y después de un bueeeen rato llorando y tratando de no sentirme mierda, le dije a Daniel que fuera y lo consolara, porque estaba asustado triste confundido culpable... y que le dijera que lo que vio, es a su mamá con sus emociones muy grandes y fuera de control, lidiando con el rechazo y que nada de eso era pedo de el. Y se sintió tan bien al saber eso, que no era culpa suya. Bajo feliz las escaleras mas tarde.
Yo no se como sobreviví ese día. Me quería morir y no era por la ensalada. Era algo mas. Y al pensarlo a la distancia, un par de días después, noto que eso TENIA QUE PASAR. No se podía evitar. Estaba rompiendo patrones! Yo me tenia que romper así para poder entender que yo también tengo derecho a decir No, por todas las veces que no pude o no me animé. Y me siento orgullosa de mis hijos que no serán people pleasers como yo. Que saben que hay consecuencias de decir no y las asumen, con tal de serle fiel a su verdad y su corazón. Les aplaudo.
Y yo me quedo pensando, cuántas veces más habré de romperme antes de estar satisfecha con quien soy, antes de lograr la paz que tanto necesito... esto de romper patrones y trauma generacional está bien pesado. Pero como dice la Brené Brown, hay que estar en la arena dando batalla y estar dispuesta a las revolcadas de la vida para poder ser libre y feliz. Te veo pronto nena!
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